Por Lynda Cruz Balderas
Una de mis amigas muy interesada en aprobar el examen, le daba un último repaso a sus apuntes, mientras oía sus susurros, me dediqué a contemplar a los demás estudiantes, a contemplar el entorno, con la mirada recorrí los edificios, las herrerías, las ventanas… en alguna faltaba un cristal, los pequeños arbustos estaban recién podados… era inevitable hacer comparaciones…
Finalmente llegó la hora, pasamos al salón asignado y me dispuse a hacer lo correspondiente, todo sin novedad, lo esperado de un examen de admisión, algunas preguntas de las que difícilmente se sabe la respuesta, otras que fluyen naturalmente. Sin embargo casi al concluir, un par de preguntas me sorprendieron y no pude evitar sonreír, ya que gracias a mis observaciones de hacía unos minutos conocía la respuesta.
No recuerdo exactamente cómo estaban formuladas las preguntas pero eran algo así como: ¿de qué color está pintado el edificio principal de la UAEM? y ¿cuál es la inscripción que rodea el gran escudo del Estado de Morelos; mismo que está ubicado muy cerca de la glorieta de la Paloma de la Paz sobre la calle Heroico Colegio Militar?. La frase “La tierra volverá a quienes la trabajan con sus manos” vino a mi mente de inmediato… ambas preguntas las respondí al instante… ese día aprendí lo importante que es conocer los símbolos que nos representan y sobre todo la gran importancia de la observación, el prestar atención a nuestro entorno, he de ahí que el artista observa y crea mientras que el público debe observar para disfrutar lo que al artista ha creado.
Finalizada nuestra caminata llegamos a la torre de rectoría. Ubicada en la planta baja la Galería Universitaria Víctor Manuel Contreras, cruzamos el arco de seguridad y gratamente descubrimos una gran cantidad de distinguidos asistentes, artistas e invitados especiales. Al micrófono Doña María Elena Noval, a quién admiramos y leemos ocasionalmente, descubriendo siempre alguna faceta desconocida del arte.
A nuestra izquierda varias esculturas; destaca una brillante réplica en bronce de la “Paloma de la Paz”, un icono que reconoceríamos al instante en cualquier parte del mundo que se encontrase. Para mí representa el hogar, desde niña, al llegar a la ciudad después de un largo viaje por carretera, el ver la glorieta de la Paloma de la Paz me trasmitía una gran satisfacción ya que significaba que habíamos llegado finalmente a casa, a descansar en la paz del hogar.
Una a una vamos contemplando y observando cada una de las obras que componen la exhibición. El arte figurativo (imágenes reconocibles) comparte el espacio con el arte abstracto (imágenes difíciles de reconocer) en una agradable armonía que nos hace disfrutar la estancia en el lugar… incluso el aire tenía el olor del arte.
Los dieciocho participantes en tan importante muestra fueron elegidos por sus amplias trayectorias nacionales e internacionales todos han aportado sus diferentes estilos, “lo que se desea es crear polémica entre los artistas y el público” me comenta Doña Graciela Salas, con una gran emoción que se percibía en su mirada y en el tono de su voz.
Mientras observaba a detalle la obra “Atleta” de Don Francisco Maza descubrí parcialmente ocultos en el lienzo unos billetes de lotería… ¡es genial!... ese es el pequeño detalle que a mi parecer complementa y le da un toque tan particular a la obra, lo he interpretado como el enorme deseo del Atleta de ganar, ese deseo que sentimos todos de ser victoriosos… aunque sea en alguna ocasión.
Los colores… la gran mayoría sentimos una preferencia por determinados colores. En lo personal, los azules llaman poderosamente mi atención. He disfrutado enormemente la obra “Platicando” de Don Carlos Kúnte, al entrecerrar los ojos me ha parecido ver como los personajes conversaban entre sí… un viaje para la imaginación…
Estamos frente a la obra del maestro Don Rafael Cauduro, su obra es inconfundible. En esta ocasión mientras admiramos su obra “Tiradero de nacionales de México” de la serie “Ferrocarriles Nacionales”; le he preguntado: ¿cómo es que un artista logra crear ese estilo propio que hace que su obra se vuelva única y que el público la relacione al instante con el autor?
Mira pensativo el horizonte por unos segundos y me responde que en su caso al ser un artista autodidacta, ha estudiado por sí mismo en lugar de llenarse de todo, de influencias. “Se le da prioridad a los gustos, se mezclan experiencias y finalmente te aventuras y nace… el estilo propio” me dice. Meditándolo un poco… es muy cierto, el alumno tiende a copiar al maestro constantemente…
“Largo es el camino del arte… y aunque el creador sea efímero… la obra queda para las generaciones en ella se contemplen…” Miguel Salas Anzures
Publicado en el Periódico La Unión de Morelos el 24 de Junio del 2011.